Cuando empezaba a salir de la ciudad pensó en lo abandonado que tenía la administración pública esa zona. Le pareció que ese lugar podría desarrollarse muy bien en unos cuantos años, pero él necesitaba vender la mansión en ese preciso momento y, además, venderla sobre el valor que los dueños pensaban que valía. Pensó que lo más seguro es que la propiedad estuviese desvalorizándose y que tendiera a hacerlo más hasta que la administración se interesase en tal zona. Así pues, tachó de un zarpazo la mitad de su lista de posibles compradores. Tenía que encontrar un comprador no muy listo, que no le interesase los valores del mercado sino el valor histórico y cultural de la mansión. Alguien que estuviera dispuesto a comprarla con la mayoría de los muebles, cuadros y esculturas, lo cual la haría parecer muy atractiva. Sería mucho dinero, pero él sabía de sobra que había gente dispuesta a pagarlo si se le prometía un estatus dentro de la sociedad burguesa de la ciudad. La mansión Liebher por sí sola no podría otorgarle eso a nadie, pero él conocía gente que si podría. Gente que le debía algunos favores.
Al llegar a la base de la colina cayó en la cuenta que ésta estaba un poco más lejos de lo que había supuesto. Se demoró en total dos horas desde su apartamento. Al lado de la carretera se desprendía un pequeño camino destapado que se abría paso entre plantas que amenazaban con engullírselo. Se notaba que hacía mucho no pasaba un carro por allí. En el punto donde empezaba la pendiente encontró una modesta casa que, sin duda, en su momento había servido para que viviera allí algún trabajador que cuidaba lo que parecía ser la entrada principal. No había rastros de portón o de cerca. Al parecer, los Liebher nunca quisieron dar la impresión de temer por su seguridad en ese lugar. De aquella casa, que suponía abandonada, salió un anciano que a pesar de sus años se las arreglaba para vivir solo allí. Arthur le contó quién era y lo que haría, y el anciano a su vez le dijo que había trabajado para los Liebher, quienes le habían dejado en herencia esa casa y una pensión vitalicia. El anciano al parecer tenía familia en la ciudad, los cuales lo visitaban cada tanto y se habían ofrecido a conseguirles un apartamento cerca de ellos, pero él se había negado pues sentía que pertenecía a ese lugar más que a cualquier otro. Además, no era muy amante de la ciudad con todo su ruido y prisas. Sin duda, era un viejo muy simpático y amable. Se ofreció a mostrarle a Arthur la mansión de sus amos pero éste lo persuadió de no hacerlo. Le gustaba hacer ese tipo de trabajos solo y en silencio. Prometió en todo caso tomarse un café con él en cuanto terminara arriba y, si no le molestaba, le haría unas preguntas referentes a las reformas que se habían llevado en la mansión mientras él trabaja para los Liebher.El anciano se mostró complacido en responder cualquier pregunta y se ofreció a cuidarle el carro a Arthur, ya que a partir de ahí el camino estaba tan invadido por plantas y por flores que, más por insinuación del viejo que por voluntad suya, daba pena pasarles unas llantas por encima. Así pues, Arthur subió hacia la cima caminando.
Cuando llegó a lo alto de la colina y vio la mansión quedó totalmente impresionado. Había visto los planos y algunas fotos en internet, las cuales se preocupaban más en mostrar los ilustres personajes que posaban junto a los Liebher que a la propiedad en sí. Tomó algunas fotografías y no podía enfocar nada más que no fuera esa imponente construcción que se plantaba delante de él. No le prestó atención al gran árbol que estaba a su lado o al bosquecito que se iniciaba cerca. Después de haber capturado la fachada desde todos los ángulos posibles, se decidió a entrar.No recordaba los años que aquella mansión llevaba abandonada pero a él le pareció que habían pasado dos siglos desde el último baile o cena conmemorativa que se celebró en el comedor o en el salón principal. El interior estaba a oscuras con sábanas por todas partes cubriendo los objetos valiosos y los muebles. Encendió algunas luces, abrió las cortinas y se dedicó entonces a analizar palmo a palmo la propiedad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario