martes, 13 de octubre de 2015

Ami


   Simplemente no pensé llegar a tanto en tan poco tiempo. Tus ojos me guían pero no pensé que lo harían a tal velocidad. Mi corazón late rápidamente sin descanso, sin cansancio y sin ritmo. Grita tu nombre. Se desespera y me desespera pues quiere cosas que en este momento son imposibles. 
¿Podemos acaso beber café en tus sueños? ¿Podemos amarnos sobre la luna? ¿Puedo besarte durante mil horas? ¿Puedes acabar con mi realismo congénito? ¿Podemos huir del mundo, explorar otros y conquistarlos? ¿Podemos querernos sin llegar a odiarnos? ¿Podemos besarnos ya mismo? 
Te miro. Te siento. Te quiero. 
Vuelvo a mirarte, cambio de opinión y le respondo a mi corazón en un susurro, y de paso me respondo, se puede. 

jueves, 8 de octubre de 2015

Dos


   No sabía dónde estaba. 
Era un hospital, me pude percatar rápidamente, pero en ese momento ignoraba su ubicación, su nombre, el país en el que se encontraba. Ignoraba también el tiempo que había estado inconsciente. 
Reconocí su cara en cuanto le vi, fresca, jovial, amorosa, no había cambiado nada. En ese momento sonreí por primera vez, sabía que no había pasado mucho tiempo. 

-Hola -le dije- ¿Sigues por aquí?



   Él leía. No notó cuando me despsiguiente, ahablarle, salió él también del lugar en el que se encontraba, me miró con los ojos anegados, sonrisa amplia y corrió a mi lado. Nos contemplamos durante una eternidad. Después de varias sonrisas sin palabra alguna, se acercó a mí y puso su cabeza sobre mi pecho. 

-Hueles bien -le dije mientras olía su cabello. Lo traía largo de nuevo- ¿Cómo estás?


   Empezaba a recordar algunas cosas. Él estaba conmigo cuando sucedió el accidente. Regresábamos de algún lugar en un autobús público. Un pequeño pueblo en el que no estuvimos más de dos días. Creo haberla pasado muy bien, aún no son claros mis recuerdos sobre lo que hicimos en ese lugar, a pesar de que él me los has narrado docenas de veces, pero sí recuerdo estar bastante contento en el auto, junto a él. 
Él dormía cuando el conductor perdió el control del vehículo. Yo, sin querer despertarlo para evitar que le viera la cara a la muerte, lo abracé. ¿Lo había salvado ese abrazo de mi destino o de otro peor? De no haberlo abrazado, ¿hubiese sido peor mi resultado? No importa. Ese abrazo lo recuerdo bastante bien.  


-Bien. Muy bien.  -me respondió mientras se secaba las mejillas con los dorsos de sus manos. 

   Todo en él es simétrico.
Me preguntó cómo me sentía. Le respondí que no me vendría nada mal cepillarme los dientes pues no podía pasar un minuto más sin besarlo. Rió. Así como sabe hacerlo, de forma sexy e infantil, y me besó. 


   Según me explicaron después, con lenguaje técnico innecesario, la recuperación sería larga, y lo ha sido. Pero había despertado y eso ya era bastante. Había cosas que no recordaría ni comprendería. Y por eso era necesario que me tuvieran otro tiempo ahí, en observación, para poder medir mi evolución. Yo los escuchaba a lo lejos pues mis pensamientos estaban en él. Habían pasado ocho meses desde el accidente, ocho meses perdidos en un sueño del cual no recordaba nada. Durante las primeras semanas de observación, los médicos creyeron falsamente que yo no recordaba del día del accidente hacia atrás. Creían que no recordaba a mis padres, a mis amigos, mi empleo, mi perro. Creían que sólo lo recordaba a él. Pero no era así. Sólo pensaba en él. Recordaba todo pero no le daba importancia para entonces. No preguntaba por nadie más que no fuera él cada mañana. Despertar y no verlo frente a mí, sentado, tranquilo, absorto en la lectura de algún libro me llevaba a tal desespero que estuvieron a punto de sedarme, se detuvieron tal vez por lo irónica que sería la situación, dormirme  después de haber hecho tanto para despertarme. Me mantuvieron alejado de aparatos electrónicos por temor a que no recordara como usarlos y así desesperar. No tenía forma de comunicarme con él, de saber si iría a verme ese día o el siguiente, a pesar que él siempre me lo prometía, siempre me decía que le vería al día siguiente. Rogaba que entrara por la puerta y pasaban horas, nunca días, sin que lo hiciera. Sin olerlo, sin besarlo, sin ver sus ojos. 
Durante esas semanas comprendí lo que él había sentido mientras yo dormía. 

jueves, 1 de octubre de 2015

Gato


   El mundo muere y nace antes de yo terminar de suspirar por ti.
Es un proceso ceremonioso: tu imagen se forma poco a poco en mi mente y ésta empieza a repartir sensaciones por todo mi cuerpo. Mi nariz empieza a percibir tu aroma, mis labios empiezan a rozar tu cintura, mi boca te saborea. Mis manos rozan tus nalgas, tu cabello, tu sexo, tu alma. Mis oídos escuchan tu gemidos, tu respiración mientras duermes, los latidos de tu corazón, la risa que retumba en tu interior. Mis ojos. Mis ojos te cubren de arriba a abajo, te examinan, te desnudan, te visten de colores, te elevan por los aires, giran a tu rededor, intentan hechizarte, te adoran.
Todo esto pasa mientras el tiempo corre velozmente, se detiene y se muere.
Todo esto pasa mientras me enamoro de ti, mientras te beso, mientras muero.
Todo esto pasa y pasará.

sábado, 29 de agosto de 2015

Cousin Itt


   Tu mirada llega a lugares que yo mismo había condenado. Me estremeces. Rompes todos los códigos y cadenas, métodos de seguridad antiguos y modernos, apagas las velas, rompes las bombillas y desafinas los instrumentos que encuentras a tu paso. 

   ¿Por qué no te detengo? No quiero, además, no puedo alcanzarte. El peso de los recuerdos me impide entrar en las estancias que tu exploras con curiosidad infantil. Mis lágrimas me empapan, me vuelven pesado, me tumban y anclan en el piso. Tú, indiferente de mi incapacidad, avanzas sin prever  los peligrosos abismos que sin duda encontrarás. 

   Me levanto y empiezo a retroceder lentamente. Sé que la puerta principal no estará abierta por mucho tiempo, debo llegar allí, debo detenerla hasta tu regreso, debo impedir que se cierre y nos deje atrapados en mi oscuridad. 

   Me maldigo cien veces. 
   ¿Por qué tardas tanto? Grito, no hay sonido. Todo me ha abandonado. No hay sombras, no hay susurros, no hay eco.
   No regresas. 
   Dejo de sostener la puerta y salgo en tu búsqueda. Estamos atrapados. 
  

lunes, 9 de marzo de 2015

Cepillo


   El resplandor de sus ojos hacía que los míos bajaran incesantemente. Transmitían una paz a la cual no estaba acostumbrado para ese entonces. Debo reconocer que la primera vez, y las otras cien veces siguientes, no les vi nada especial, estaba demasiado ocupado perdiendo el tiempo en banalidades. Pero cuando los vi con mi alma desnuda y frágil pude entender el poder que éstos ejercían sobre lo que se posaran. Mi reacción siempre fue la misma después de notar su magia, bajar la cabeza avergonzado y sonreír, guardando en el fondo de mi pecho un poco de tristeza pues sabía que no era digno de recibir la luz que despedían. Aún así lo hacían. 

   Con el paso del tiempo comprendí que el universo no era justo ni sabio. Y que a veces cometía errores que beneficiaban a seres como yo. Así que dejé la tristeza y la vergüenza y me entregué felizmente a esa luz que recorría mi cuerpo y penetraba cada duda. Mi sonrisa se volvió permanente y mi excitación inmortal. Deseaba sus ojos tanto como deseaba el resto de su cuerpo tímido e inexperto. Sus labios eran otra fuente de suspiros y sensaciones imposibles. La forma en como cambiaban de color y de sabor cada día. Las canciones de amor que nunca cantaron y los besos amargos que nunca dieron. Recuerdos que viajan ahora conmigo y me acompañan en mis noches solitarias de peregrinación. Son mi guía y mi lumbre en esta búsqueda infinita.

   El universo, injusto y periódico, un día le notificó su error. Le explicó que sus ojos deberían estar alumbrando a alguien más merecedor de tal cosa, y que sus labios y cuerpo deberían despertar pasión en alguien o algo más puro. Él, un esclavo más al igual que todos nosotros, tuvo que partir con una lágrima en sus mejillas pero con la determinación absoluta de cumplir su labor. Se alejó llevándose consigo la luz que alumbraba mi tristeza. Desde ese día vago por todas las escenas alguna vez imaginadas por los hombres, tratando de encontrarlo para ver por última vez aquellos ojos, los únicos con el poder suficiente para matarme y liberarme de mi condena eterna. 

domingo, 8 de marzo de 2015

S.O.S.


   Quiero desaparecer en la negra noche de mis recuerdos, ser arropado por la intensa nostalgia que me mantiene a salvo de las estupideces de la felicidad y ser desgarrado por la soledad absoluta, tranquila y poética. Quiero perderme lentamente en los pasadizos del silencio, pintar sus paredes de barro, viejas y olvidadas, usando cada uno de mis sueños perdidos. Quiero volar más alto que el sonido de los pájaros para luego caer y esparcirme en la arena fétida de la tristeza. Pero no puedo. No puedo desaparecer, no puedo usar mi nostalgia para aislarme del mundo ni perderme en el silencio o desechar mis sueños infantiles. Ni siquiera puedo volar. Aún no tengo permitido caer y quebrarme en infinitos pedazos. Solamente estoy prisionero en la maldita y fría indiferencia. Ausente. Muerto. Triste. 


lunes, 19 de enero de 2015

Willkommen


   Hacía frío aquella última vez que te vi. Tu rostro sombrío miraba impasible la consecuencia de mi determinación. Te abandonaba por primera vez y me alegraba en pensar que sería para siempre. Me he seguido alegrando todos estos años, cada día y cada hora, cada vez que te veo a los ojos, pues ahora puedo hacerlo. Puedo ver toda tu cara y respirar tranquilo al saber que ya no estás dentro de mí. Me divertí contigo, sin duda, pero mis mejores sueños los he vivido cuando no estás cerca. 

   Ahora, eres tú quien me mira a los ojos. Soy yo quien con un halo de profunda tristeza veo como te acercas y amenazas con estrujarme el corazón. En medio de mi miedo sin fin, esbozo una sonrisa cínica, sé que no podrás llevar a cabo tal cometido pues, sencillamente, no hay nada que estrujar. Es el único placer que me permito. Sé que todo está perdido, sé que ganarás. Así que separo mis labios y dejo que entres. Me lastimas un poco. Una lágrima solitaria hace su recorrido mientras pienso que tal vez, al estar de nuevo en mí, se te olvidará mi abandono e intentaras divertirte de nuevo conmigo.

   Ahí estás, mi confort y mi compañía. Estaremos encerrados por otra eternidad. Mil estaciones más. ¡Qué desolación!