Ahí estaba, cara a cara con el secuestro, otra vez. Diez años atrás mis padres habían sido secuestrados en Brasil por un grupo de delincuentes mientras realizaban un viaje con una ONG, a la que aportaban considerables sumas de dinero para ayudar a pequeños empresarios y lograr que tuvieran una relación directa con el mercado global. Los bandidos pidieron una ridícula suma de dinero, muy poca, por su liberación, realmente no sabían a quien tenían en sus manos. Para cuando se dieron cuenta ya tenían al gobierno presionando internacionalmente la liberación. Ya no les importaba entonces el dinero, sólo querían deshacerse de mis padres para evitar ser juzgados por cortes norteamericanas, era tarde, tenían a todo el ejército brasileño y a los agregados militares estadounidenses tras su pista. Al final pudieron deshacerse de mis padres, aunque no del dedo acusador del Tío Sam.
No iba a exponerme a perder a Kit. A pesar de todos los secretos y de las
explicaciones que debía darme, la amaba. Me dirigí a la dirección que
indicaron los secuestradores sin decirle a nadie, sin llevar ni un arma ni
nada que me permitiera hacer otra estupidez, llegué al Hotel Theresa a eso de
las 2 de la tarde. Recordé que no comía nada desde el día anterior y me
reproché el mucho tiempo que perdí intentando comunicarme con Kit. El taxista
se había sorprendido cuando le dije que me llevara a ese lugar, durante todo
el camino insistió en que el Theresa ya había sido demolido, se equivocó, pero
no mucho. El Theresa era una pocilga en ruinas, su fachada estaba embellecida
por desechos de palomas, en su portería no estaba nadie, el silencio era
ensordecedor y desesperante, el ascensor estaba al fondo del pasillo, increíblemente,
en funcionamiento. El pensar que todo el edificio estuviese desocupado me puso
los pelos de punta, así que decidí llamar al investigador, era la única
persona que me podía ayudar en algo así. En dos minutos le conté toda mi
situación, él trató de calmarme y me prometió que estaría en los alrededores
del Theresa en cuanto colgaramos, que vigilaría las salidas y estaría al
pendiente. Se lo agradecí muchísimo.
Después de colgar el teléfono pulsé, en el ascensor, el botón marcado con
el número once. Mientras ascendía, mis ganas de vomitar aumentaban. La puerta
se abrió y de inmediato eché un vistazo, era evidente que el piso once estaba
totalmente deshabitado: el techo estaba cayéndose, algunos apartamentos no
tenían puertas y el polvo era la constante en cada milímetro de aquel pasillo.
Llegué a la puerta del 04 y toqué dos veces, la puerta se abrió lentamente
mientras yo metía el celular en mi ropa interior, entré y me encontré con ocho
sorprendidos ojos, incluyendo los de Kit. Traté de correr hacia ella pero uno
de los tres hombres que estaban allí me detuvo fuertemente y me apuntó con su
pistola, mientras los otros al unísono me preguntaban qué demonios hacía allí.
Esto ya lo he vivido, pensé, era la segunda ocasión que me apuntaban con una
pistola y me hacían esa pregunta, difícil de contestar además, aquellos hombre
estaban más sorprendido que la propia Kit, quien aún seguía inmóvil mirándome
fija-mente. Me di cuenta que no había respondido la pregunta y procedí a
hacerlo, después de eso cerraron la puerta y me dieron un golpe en la nuca que
me dejó inconsciente.
Cuando me desperté estaba encerrado en un
cuarto con Kit, que me susurraba algo al oído, no sé cuánto tiempo llevaba
haciéndolo, alcancé a escucharle: "...me enamoré de él perdidamente,
era bastante joven y desorientada, lo único que me interesaba era ayudarle, por
eso engañé a todos, por eso nunca lo delaté y me convertí en su cómplice y
protectora. Él no sólo iba por ahí reclutando jóvenes para su causa, sino que
también iba a las cárceles a apoyar a los reclusos, a decirles que las cosas
iban a cambiar y a subirles el ánimo. Creía en un futuro diferente, era un
soñador, pero no era nada cuidadoso, empezaron a seguirlo al igual que a
muchos de sus compañeros, casi todos fueron encarcelados, incluyéndolo.
Misteriosamente, fueron muriendo en la cárcel, él uno de los primeros, los exterminaron,
y los que no pudieron ser atrapados se escondieron, pero desde hace algunos
años han empezado a huir de Alemania, aún les siguen la pista, yo les he
ayudado. Por eso estos hombres me raptaron".