No quería ser normal, no quería parecerse a ninguno de los lineales y repetitivos niños que jugaban todos los días con él, ni a los lineales y repetitivos adultos que pasaban todos los días al frente de su casa; quería volar. Así que se preguntó quién podría enseñarle. Se sintió decepcionado al darse cuenta que nadie tenía el alma tan pura y limpia como para hacerlo, al menos no de la forma en que él pretendía. Todos volaban de maneras distintas, algunos lo hacían para ir de un lugar a otro, otros para olvidar sus realidades, y los demás simplemente para evitar lo molesto y aburrido que es tener los pies sobre la tierra.
Al despreciar totalmente la raza humana y su orgullo putrefacto por la maldad, decidió empezar de nuevo. Esa vez no iba a permitir que su cerebro diera una sola seña para continuar la búsqueda, sólo se guiaría por los latidos de su corazón, estos le marcarían el paso rítmico y certero hacia las más altas nubes, aquellas que están tan arriba que es imposible alcanzarlas con la mirada. Su corazón y su curiosidad lo llevaron al lugar perfecto: un campo habitado de pájaros tan hermosos y diversos que sólo podían caber en su imaginación.
Dispuesto a realizar su sueño, inició rápidamente las observaciones, las suposiciones y las imitaciones. Después de algún tiempo corría como los pájaros, cantaba como los pájaros, amaba como los pájaros pero no podía volar como ellos, tal vez porque no era un pájaro, pero él jamás se dio esa respuesta. La noche en que emprendió el vuelo se encontraba dormido al lado de uno de los grandes manzanos del lugar, el viento y el sonido de las aves lo despertaron y lo invitaron a mirar el sitio donde segundos atrás se encontraba, un punto que se volvió más pequeño a medida que ascendía entre las nubes. Voló por días enteros sin descansar y sin emitir la más mínima señal de cansancio, en su corazón sólo había tranquilidad, la misma tranquilidad con la que le disparó un furtivo cazador al confundirlo con cualquier otra cosa que pudiera ser asesinada indiscriminadamente.
Su pierna sangraba a borbotones; mientras descendía notó que estaba herido y su alma ya se había dispuesto a abandonar su pequeño cuerpo en cuanto éste tocara el piso. La camiseta se rasgó con una rama cuando atravesó el manzano en el que había estado durmiendo tiempo atrás. Al caer produjo un sonido tan hermoso que su alma quedó diluida en éste mismo. Se levantó abruptamente de la cama, estaba empapado de sudor y su corazón latía tan fuertemente que hacía que sus piernas flaquearan, logró tranquilizarse cuando comprobó que todo había sido un sueño, un espléndido y cándido sueño. Se fue alejando de la habitación dejando detrás un camino de plumas y sangre que lo habrían de seguir por siempre.
jajajajaj me encanrta esa ultima frase! ;)
ResponderEliminaramo este cuento....pero sigo pensando que tu crees que es un sueño, pero en realidad el pajaro si murió
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