Hacía frío aquella última vez que te vi. Tu rostro sombrío miraba impasible la consecuencia de mi determinación. Te abandonaba por primera vez y me alegraba en pensar que sería para siempre. Me he seguido alegrando todos estos años, cada día y cada hora, cada vez que te veo a los ojos, pues ahora puedo hacerlo. Puedo ver toda tu cara y respirar tranquilo al saber que ya no estás dentro de mí. Me divertí contigo, sin duda, pero mis mejores sueños los he vivido cuando no estás cerca.
Ahora, eres tú quien me mira a los ojos. Soy yo quien con un halo de profunda tristeza veo como te acercas y amenazas con estrujarme el corazón. En medio de mi miedo sin fin, esbozo una sonrisa cínica, sé que no podrás llevar a cabo tal cometido pues, sencillamente, no hay nada que estrujar. Es el único placer que me permito. Sé que todo está perdido, sé que ganarás. Así que separo mis labios y dejo que entres. Me lastimas un poco. Una lágrima solitaria hace su recorrido mientras pienso que tal vez, al estar de nuevo en mí, se te olvidará mi abandono e intentaras divertirte de nuevo conmigo.
Ahí estás, mi confort y mi compañía. Estaremos encerrados por otra eternidad. Mil estaciones más. ¡Qué desolación!
No hay comentarios:
Publicar un comentario