Quiero desaparecer en la negra noche de mis recuerdos, ser arropado por la intensa nostalgia que me mantiene a salvo de las estupideces de la felicidad y ser desgarrado por la soledad absoluta, tranquila y poética. Quiero perderme lentamente en los pasadizos del silencio, pintar sus paredes de barro, viejas y olvidadas, usando cada uno de mis sueños perdidos. Quiero volar más alto que el sonido de los pájaros para luego caer y esparcirme en la arena fétida de la tristeza. Pero no puedo. No puedo desaparecer, no puedo usar mi nostalgia para aislarme del mundo ni perderme en el silencio o desechar mis sueños infantiles. Ni siquiera puedo volar. Aún no tengo permitido caer y quebrarme en infinitos pedazos. Solamente estoy prisionero en la maldita y fría indiferencia. Ausente. Muerto. Triste.
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