Mis viernes en la ciudad empezaron siendo culturales. Tenía ansias por conocer cada rincón de mi nuevo hogar, y dado que en esa época no tenía amigos, me fue fácil empezar conociendo la zona cultural: museos, bibliotecas, parques temáticos, edificios gubernamentales con gran contenido histórico y arquitectónico, teatros, iglesias y demás, seguía fielmente los folletos turísticos. En uno de esos lugares conocí a Lena, estaba bastante impaciente, al parecer esperaba a alguien, una cita quizá, nunca se lo pregunté. Aunque ella no lo admita, al principio me ignoró, sabía que yo la observaba y quería averiguar lo que le pasaba. Sonó su teléfono, dijo cosas inaudibles con un gesto bastante tenso y se fue, yo me quedé allí observando cómo se alejaba de mí, dio media vuelta, empezó a caminar lentamente hasta donde me encontraba y me preguntó si tenía que hacer algo en la tarde, casi no logro que las palabras nacieran de mi boca. Almorzamos juntos y caminamos largamente, era un día opaco, fresco y calmado, o al menos lo era sobre nuestra ruta. Desde ese día todos nuestros días juntos han sido iguales.
Nos contamos muchas cosas. Sus historias eran interesantes y extrañas. Esa tarde me olvidé de todo, sólo era consciente de que ella estaba a mi lado y de los edificios que nos observaban. Su cabello se movía majestuosamente a sus espaldas y una sonrisa se pegaba delante de mi rostro amenazando con ser perpetua. Cuando se acercó el momento evidente de la despedida tuve que evitar la desesperación y esperar incómodamente que fuese ella la que concluyera el encuentro con alguna frase clara, sin miedos ni ansiedades, pero no hubo tal cosa, sólo un beso. Sus labios se acercaron a los míos dejándome inmóvil el tiempo suficiente para parecer idiota, rodeé su cintura suavemente y probé por primera vez su alma. Cuando nos desprendimos dijo que podíamos volver a vernos, pero que debía saber que ya ella estaba enamorada de alguien más. Hice un gesto para darle a entender que eso no tenía importancia, que no pretendía enamorarme de ella. Algo inútil que ninguno de los dos creyó.
El día que conocí a Gunnar comprendí lo extraño de la situación y me convencí de lo enamorado que estábamos de ella. Nunca he negado que Gunnar me supera en todos los aspectos que la mayoría de la gente considera importantes, es un trabajador incansable, creativo, eficiente, con una visión bastante precisa, y un futuro asegurado para él y para Lena. Todo eso enmarcado en la palabra trabajador o profesional, fuera de ese conjunto de letras no hay mucho que ver. Hombre de muy pocos amigos, sonrisas o palabras. Lena es su gran compañía y confidente, es su verbo, sus puntos, hace parte ya de su sonrisa. Nunca ha querido contarme como se conocieron ni ningún otro detalle anterior a mi llegada, tampoco he insistido mucho, he entendido que todo eso le pertenece a él, al igual que ella.
El día de su matrimonio mis amigos hicieron grandes esfuerzos para engañarme y sacarme de la ciudad, estaban convencidos que haría una estupidez para evitar que la ceremonia se llevara a cabo. Fingí dejarme engañar, fingí estar bastante afligido por lo que estaba pasando, pensé que era mejor eso que sentarme a explicarles el tipo de relación que llevábamos. Incluso Gunnar logró asustarse un poco, algunos asistentes afir-man que se le veía incómodo, ansioso y que hubiese preferido que yo estuviese allí pues al menos sabría a qué atenerse. Creo que sólo Lena compartía mi seguridad, que esa unión se llevaría a cabo y yo no me opondría ni ese día ni nunca. Sólo los dos sabía-mos que su felicidad total estaba con Gunnar, no conmigo, el por qué es algo que sólo Lena sabe.
Ahora soy incapaz de anotar todas las emociones que vienen a mi cabeza, no puedo hilar de manera coherente los recuerdos que pelean por salir para que puedan verles algún sentido. Veo a Lena con una sonrisa de invierno en su cara recitando un poema de autor desconocido. La veo fumando apresuradamente en la entrada del teatro, estoy a su lado, la tranquilizo, pero ella no quiere perderse nada de la representación. Veo a algunas mujeres convenciéndome para que me aleje de ella, ofreciéndose como mejor partido, me veo sonriéndoles con piedad por tal ignorante sugerencia. Veo su cuerpo desnudo siempre nuevo para mí, cuerpo ajeno que entumece mis manos e inti-mida mis labios. Sus caderas, su cintura, sus orejas. Hoy, todos mis recuerdos son Lena.
te amo mi vida :)
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