Todo es encantadoramente fresco: los autos, la gente caminando de prisa, las luces y los grandes anuncios, el amor que se representa en cada semáforo. Nací en el campo pero ahora todas estas cosas son naturales para mí, no los arboles ni las rocas ni los riachuelos que tanto había visto en mi adolescencia. El caos que presenciaba en el día a día de la ciudad es mi naturaleza. En algún momento cambié los arboles por rascacielos, las rocas por una multitud andante y desesperada, y todos aquellos hermosos riachuelos por amor y libertad. Las melodías de mi alma brotaban con cada despertar y se iban transformando mágicamente en el transcurso del día, las movía el ruido, el denso aire y los escandalosos colores que ya hacen parte de mi cuerpo.
Nada en aquella linda ciudad me inspira muerte. Quiero guardarla para siempre en mi mente como un lugar vivo y feliz, por eso no pude seguir allí. No todos tienen la oportunidad de elegir donde morir, yo pude y, gracias a eso, todavía me siento tocado por el cielo. Creo que la ciudad me lo agradecerá algún día, tal y como mis amigos, supongo, lo han hecho, pues no hay nada peor que cargar con un estorbo en un lugar que debe ser dinámico. No puedes hacer que tu lento andar detenga la rítmica marcha de unas bien abrigadas y estresadas almas, tampoco limitar los planes de las personas que te quieren, no sin sentirte mal. Para mis amigos soy un lindo recuerdo que prefirió desaparecer lentamente en un lugar más acorde para su condición.
Fue rápida la forma como me integré a la ciudad, pareciera que me hubiese estado esperando para empezar todas las aventuras de las cuales fui un orgulloso protagonista. El proceso me lo guardo para mis días de lecho cuando esta enfermedad se haya apoderado un poco más de mi cuerpo y no tenga más que hacer sino vivir de mis recuerdos. Cuando tuve que abandonar mi alma allá empezaba una aventura como cantante, después de haber terminado la universidad, tenía una divertidísima pandilla de amigos, una amante, dos perros y una casera que me adora, no podía lograr más en tan poco tiempo. Nunca pensé que tuviera que detener mis procesos, ni siquiera acelerarlos, pero ahora estoy de nuevo en el pueblo y sé que no me queda mucho, así que he podido planificar un poco lo que quiero hacer mientras huyo, esta vez no de la ciudad o del pueblo, de todo.
Los atardeceres acá son bonitos, lástima que a esa hora siempre esté haciendo un poco más de calor, sin dejar de ser bastante estremecedores. En la noche llega aquella tranquilidad que tanto me enloquece, no puedo escuchar nada más que los ruidos que hacen algunos animales afuera y, en algunos casos, dentro de nuestra propia casa. Solía escribir en las noches, pues nunca he sido de los que se van temprano a la cama, pero todo lo que escribía carecía de valor, no me gustaba para nada. Quiero escribir sobre mí y nadie más, pero en las noches mis relatos me reservaban sólo un puesto de actor de reparto, buscándole protagonismo a mi madre, a Lena o a cualquier conocido que tuviese mi mente cerca. Bien, en estos momentos es de día y hasta ahora me gusta lo de arriba. Soy consciente que no todo debe gustarme, escribiré sobre mí, sobre ciertas cosas que han pasado y pasarán en mi vida.
En las mañanas le ayudo a Lena con algunas cosas casa, leo un poco y salgo al jardín a recibir el sol. Las mañanas son bastante largas en este pueblo, a veces mientras recibo el sol siento un poco de pena por Lena, ella no tenía que abandonar la ciudad, no tenía que hacer tal sacrificio por mí. Aunque, cada vez que este sol me toca doy gracias al cielo por haber permitido que ella cometiera esa locura y esté ahora a mi lado. Los dos nos hemos sacrificado por amor, sin duda, no por la misma clase de amor pues su sacrificio tiene una fecha exacta de culminación, el mío no. Las tardes son un poco menos movidas: suelo recibir una o dos visitas de algunas de las amigas de mi madre y escribo hasta que Lena vuelve de ayudar en el local de una agradable anciana, trabajo que aceptó más por no morir de aburrimiento que por dinero. Al regresar, me da un tierno beso, comemos algo y hablamos toda la noche. Me hace sentir que realmente es feliz.
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