miércoles, 14 de diciembre de 2011

J

   
   Llegué a pocos pasos de la luna y gasté mucho más de una fortuna tratando de encontrarte. Aparecías siempre en mis sueños en una imagen bastante clara y nítida, tanto que no parecías una añoranza del subconsciente sino un recuerdo simple y burdo que pudo haber sido generado al pasar por una tienda de simplicidades o al haber viajado en autobús, aparecías en un plano bastante cercano, casi podía tocar tus labios con mi nariz, estabas siempre inhumanamente callado aunque tu rostro era bastante expresivo. Me decidí entonces a buscarte, partí un día cualquiera sin más, no tenía nada que dejar atrás, nadie me extrañaría, ni siquiera tenía deudas, partí, esencialmente con mis sueños. Una ventaja a mi favor era que aparecías algunas veces triste o con frío, tu cabello se movía, estabas cansado, alegre o excitado, tu expresivo rostro variaba constantemente, me dio pues por creer que en mis sueños se reflejaban tus verdaderas emociones, empecé a buscarte en las playas, en los bares de quinta y en las zonas frías de los supermercados. Vagué durante muchísimo tiempo, el mundo cambió bastante mientras te buscaba, se levantaban muros, se quemaban ferrocarriles llenos de comida, la gente se escondía o decidía morirse, en algunos lugares era bastante caótico y confuso, me asustaba que esto hiciera más difícil el encontrarte. 

   Un buen día, bastante lejos ya de donde había iniciado mi cacería, te soñé en un plano distinto. Estabas en una habitación bien alumbrada, sin más decoración que dos mesas y una pequeña butaca de madera, una de las mesas estaba al frente de la butaca y la otra a un costado, en esta última tenías un  millar de cartas, sus sobres variaban en tamaño, color y textura. Después de un acercamiento hacia lo que me parecía una estática figura, noté que estabas concentrado leyendo una de las cartas, más que eso, creo que la terminabas y volvías a empezar o simplemente meditabas con ella en las manos. En esos momentos me surgió una importante duda, ¿Dónde acomodabas las cartas que ya leías? En la mesa hubiese sido imposible, así que concluí, espero que no erróneamente, que la carta que leías tenía que ser forzosamente la primera o la última, concluí también que esa carta tenía que ser mía pues haces partes de mis sueños, no podría pertenecer a nadie más. 

   Tuve otro acercamiento y pude ver tu nombre escrito en los otros sobres, eso no ha ayudado mucho mi querido J. Al menos sé que bastará con mandar una carta en una sola dirección, el gran inconveniente es que me fijé demasiado en la carta y en tu rostro mientras la releías, ignoré completamente el sobre que yacía sobre la vacía mesa, no sé en qué sobre sepultar mi carta, no sé como harás entonces para reconocerla dentro de esa infinidad, por eso no la he enviado aún. He decidido entonces esperar a volver a verte en mis sueños, debe haber alguna pista, de pronto vuelvo a soñarte en la misma situación y recibiré la información que necesito, te siento ya tan cerca J. mio. Llevo dos semanas sin dormir por la emoción, ya sueño mientras camino o tomo una copa de vino, escribo soñando y sueño escribiendo, no apareces. A veces una ráfaga de miedo me atraviesa la espalda, dudas y dudas, bajo la cabeza, suspiro y pienso que seguramente te escribí la carta de tal forma, ya sea en un lenguaje que no puedes entender, con símbolos extraños a tus ojos o de una manera tan hermosa que todavía estás en esa habitación releyéndola.


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