A veces pienso en tu muerte, no porque lo desee sino porque me gusta imaginar el gran sufrimiento que sentiré. Salvo yo, nadie sobre este mundo tiene tanta certeza sobre el momento exacto de su muerte. Se dará, sin duda, en cuanto se de la tuya, en cuestión de segundos, por lo que no tendré tiempo para sufrir tu ausencia en esta vida. Sufriré mientras te busco en la nada, mientras pago mi condena y espero infinitamente a que tú también emprendas mi búsqueda. No sería difícil, tan solo tendrías que mirar a uno de los lados de donde yace tu cuerpo mortal. Yo te buscaría desde allí pero no podría avanzar solo, no está permitido para quienes mueren por amor.
Todo eso imagino, todo eso pienso, paro no quiero que se quede en mi cabeza, me niego completamente. Quiero vivir eso, quiero saber cuánto tendré que esperar para que me encuentres o para que se me permita avanzar. Quiero vivirlo, pero no puedo matarte ni desear que mueras, así que lo haré, moriré, no sé si funcionará. Moriré con la esperanza de que tú lo hagas después, te quedes junto a mi cuerpo en las puertas de la otra vida, esperes eternamente a que yo llegue por ti y seamos felices. Lo haré, lo hago ya. Si me encuentras primero querrá decir que no moriste por amor o que mi orgullo dejó que pasaras mucho tiempo en el limbo, lo cual es peor, o, en el mejor de los casos, que estás muerto en este preciso momento.
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