viernes, 2 de abril de 2010

Charles D.D 6


   Ahí estaba, cara a cara con el secuestro, otra vez. Diez años atrás mis padres habían sido secuestrados en Brasil por un grupo de delincuentes mientras realizaban un viaje con una ONG, a la que aportaban considerables sumas de dinero para ayudar a pequeños empresarios y lograr que tuvieran una relación directa con el mercado global. Los bandidos pidieron una ridícula suma de dinero, muy poca, por su liberación, realmente no sabían a quien tenían en sus manos. Para cuando se dieron cuenta ya tenían al gobierno presionando internacionalmente la liberación. Ya no les importaba entonces el dinero, sólo querían deshacerse de mis padres para evitar ser juzgados por cortes norteamericanas, era tarde, tenían a todo el ejército brasileño y a los agregados militares estadounidenses tras su pista. Al final pudieron deshacerse de mis padres, aunque no del dedo acusador del Tío Sam.


   No iba a exponerme a perder a Kit. A pesar de todos los secretos y de las explicaciones que debía darme, la amaba. Me dirigí a la dirección que indicaron los secuestradores sin decirle a nadie, sin llevar ni un arma ni nada que me permitiera hacer otra estupidez, llegué al Hotel Theresa a eso de las 2 de la tarde. Recordé que no comía nada desde el día anterior y me reproché el mucho tiempo que perdí intentando comunicarme con Kit. El taxista se  había sorprendido cuando le dije que me llevara a ese lugar, durante todo el camino insistió en que el Theresa ya había sido demolido, se equivocó, pero no mucho. El Theresa era una pocilga en ruinas, su fachada estaba embellecida por desechos de palomas, en su portería no estaba nadie, el silencio era ensordecedor y desesperante, el ascensor estaba al fondo del pasillo, increíblemente, en funcionamiento. El pensar que todo el edificio estuviese desocupado me puso los pelos de punta, así que decidí llamar al investigador, era la única persona que me podía ayudar en algo así. En dos minutos le conté toda mi situación, él trató de calmarme y me prometió que estaría en los alrededores del Theresa en cuanto colgaramos, que vigilaría las salidas y estaría al pendiente. Se lo agradecí muchísimo.

   Después de colgar el teléfono pulsé, en el ascensor, el botón marcado con el número once. Mientras ascendía, mis ganas de vomitar aumentaban. La puerta se abrió y de inmediato eché un vistazo, era evidente que el piso once estaba totalmente deshabitado: el techo estaba cayéndose, algunos apartamentos no tenían puertas y el polvo era la constante en cada milímetro de aquel pasillo. Llegué a la puerta del 04 y toqué dos veces, la puerta se abrió lentamente mientras yo metía el celular en mi ropa interior, entré y me encontré con ocho sorprendidos ojos, incluyendo los de Kit. Traté de correr hacia ella pero uno de los tres hombres que estaban allí me detuvo fuertemente y me apuntó con su pistola, mientras los otros al unísono me preguntaban qué demonios hacía allí. Esto ya lo he vivido, pensé, era la segunda ocasión que me apuntaban con una pistola y me hacían esa pregunta, difícil de contestar además, aquellos hombre estaban más sorprendido que la propia Kit, quien aún seguía inmóvil mirándome fija-mente. Me di cuenta que no había respondido la pregunta y procedí a hacerlo, después de eso cerraron la puerta y me dieron un golpe en la nuca que me dejó inconsciente.

   Cuando me desperté estaba encerrado en un cuarto con Kit, que me susurraba algo al oído, no sé cuánto tiempo llevaba haciéndolo, alcancé a escucharle: "...me enamoré de él perdidamente, era bastante joven y desorientada, lo único que me interesaba era ayudarle, por eso engañé a todos, por eso nunca lo delaté y me convertí en su cómplice y protectora. Él no sólo iba por ahí reclutando jóvenes para su causa, sino que también iba a las cárceles a apoyar a los reclusos, a decirles que las cosas iban a cambiar y a subirles el ánimo. Creía en un futuro diferente, era un soñador, pero no era nada cuidadoso, empezaron a seguirlo al igual que a muchos de sus compañeros, casi todos fueron encarcelados, incluyéndolo. Misteriosamente, fueron muriendo en la cárcel, él uno de los primeros, los exterminaron,  y los que no pudieron ser atrapados se escondieron, pero desde hace algunos años han empezado a huir de Alemania, aún les siguen la pista, yo les he ayudado. Por eso estos hombres me raptaron".


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