En medio de toda esa calamidad llegué a sentirme aliviado, Kit no estaba saliendo con ningún otro hombre, me estaba escondiendo un secreto pero me era totalmente fiel, me amaba, tal vez no tanto como llegó a amar al hombre por el cual había sacrificado su tranquilidad, pero me amaba. Todo eso pensaba mientras nos besábamos desesperadamente y nos prometíamos nunca dejar que nos separaran, sólo la muerte. Desde ese día no he vuelto a enamorarme, desde ese día no le encuentro hermosura alguna al cielo o buen aroma a las flores, sólo estos escritos y mis recuerdos pueden brindarme un poco de tranquilidad.
Mientras hacíamos lo posible por alargar esos minutos para poder seguir besándonos
y soñando con un futuro juntos, recordé que tenía un celular en mi ropa interior,
esos idiotas no me habían registrado. No sabíamos qué hacer, esos desgraciados
estaban fuera del cuarto a la expectativa, esperando al hombre que tanto habían
buscado y que Kit había ayudado a escapar, esperando a alguien que nunca
llegaría, pues no sabía nada de lo que nos pasaba y, además, ya se encontraba para
esos momentos en algún lugar de Rusia. Me levanté y me sitúe junto la
puerta, llamé con el celular al investigador, con una oreja pegada a la
puerta para poder estar al pendiente de los matones, le dije que la
situación era complicada, que buscara refuerzos y nos rescatara. En esos
momentos no me importaban los riesgos que se derivaran de un enfrentamiento
entre esos hombres y la gente que pudiese encontrar nuestro cómplice, estaba con
Kit y eso era lo importante, en el peor de los casos
nos matarían, moriríamos juntos, no había nada de malo en eso,
pero estar privado de mi libertad era algo que no soportaba. Recordaba a mis
padres, un escalofrió me recorría todo el cuerpo.
Cuando acabé de hablar, escuché los pasos de uno de los hombres, retrocedí
y me hice al lado de Kit. En cuanto éste giró la perilla de la puerta, Kit me
arrebató el teléfono de las manos, me había quedado paralizado y no había
tenido tiempo de esconderlo, me sujetó fuertemente el brazo mientras el hombre aquél
le avisaba a los otros que ya me había despertado. No tardaron en aparecer para
interrogarme, Kit alegó ganas de ir al baño y uno de ellos la acompañó mientras
los otros me torturaban psicológicamente, por decirlo de cierta manera. Me
explicaron una y otra vez lo que harían con nuestros cuerpos si no aparecía el
hombre que estaban buscando, la verdad es que no tuve miedo por eso, no sé por
qué tenía tanta confianza en lo que pudiese hacer el investigador.
Ya casi no podía evitar el vómito. Mientras uno de los hombres que me
interrogaba se ponía cada vez más furioso por mi pasividad al contestar,
escuchamos un nítido disparo, quedé sordo, los dos hombres salieron de la
habitación, yo salí tras ellos. Obstruían la entrada al baño, estaban discutiendo,
no podía ver lo que pasaba dentro. Sus caras expresaban preocupación, Kit
estaba en el baño, un disparo, ninguno de ellos herido, nadie había llegado a rescatarnos
¡Que desespero! Logré pasar entre ellos y vi a Kit tirada en el piso, una
horrible mueca estaba dibujada en su rostro, una de sus manos aprisionaba mi
celular, estaba rodeada por un charco de sangre que le brotaba del pecho. No
aguanté más y vomité.
Miré hacia atrás y vi a los hombres apuntando con sus pistolas a la
puerta principal, yo todavía no lograba escuchar. Tres disparos me devolvieron
la audición, no sé de donde habían salido o a quien iban dirigidos, sólo sabía
que el investigador estaba al otro lado de la puerta principal, cerré la del
baño y quedé perdido en otro mundo, cada disparo era una frase de cariño de
Kit. Te amo, me dijo en repetidas ocasiones mientras yo abrazaba su
cuerpo inerte. Duré mil años abrazándola y llorando, sus ojos ya no
volverían a amarme. Kit estaba muerta, yo también.
Pocos recuerdos tengo de lo que pasó después. No sé cómo salí de
Alemania, ni mucho menos recuerdo las razones por las cuales estuve en
la cárcel, ni siquiera sé por qué no he muerto físicamente. Cuando Kit
murió, morí con ella, morí emocionalmente, ni siquiera puedo decir que todavía la
quiero, sólo recuerdo que la amé con toda mí alma. No sé por qué no he tenido
fuerzas para matarme físicamente también, tal vez porque no había contado ésta
historia, pero ya lo he hecho, ya he contado mi historia, lo que recuerdo de
ella. A veces creo que mi mente la ha distorsionado con el pasar de los
años, pero ni así he logrado que tenga un final feliz, seguiré contándola
entonces, y el día que tenga un final feliz, moriré.
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