Me levanto de nuevo con la sensación de no pertenecer a este lugar. Extraño vidas antiguas que no duraron lo suficiente. Añoro seres que llevan mucho tiempo muertos, desaparecidos, como yo. Aún así, avanzo tratando de encontrar una explicación a este estúpido viaje. Debí haber parado hace mucho, debí haberme detenido en el segundo o en el tercer destino en el que me sentí cómodo, ni siquiera feliz, sólo cómodo, tranquilo. No debí haberle hecho caso a mi instinto de aventura, o instinto de estupidez, son totalmente indistinguibles para mi. Debí haberme quedado en aquél lugar donde se me abrazaba cálidamente, reía, no tenía pesadillas y siempre era soleado. Debí haberme quedado allí donde había tanta gente feliz, así yo no lo fuera. Debí haberme quedado.
Ahora, no hay de otra, debo alistarme para seguir, debo despedirme de esta corta vida, no ha sido la más corta, y avanzar hacia la nada, hacia el blanco destellante, hacia la aventura de no existir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario